La Alternativa

El ruedo se prestaba a sensaciones placenteras, nos dijeron los veteranos.

Entramos, inquietud, tenue luz, miradas forzadas, carne esperando la embestida, cuadrilla de mozos con ansia de estocada, matadero de ilusiones.

Primero llegó su olor dulzón, luego su masa corporal bregada en tentaderos, sudor frío, temblé ante su bufido:

¡ Ea ! chico, ven que te hago un hombre.

Miré a Mariano y salimos corriendo.

Frente al rótulo con su luz roja, decidimos explorar el placer en otros territorios.

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Ritual

¡ Tienes que ir !

Pero, ¡ está anocheciendo !

Cuando ella viene, no hay espera.

Llegó, agarró la verja, miró el jardín de naturalezas muertas tras los muros. Olor floral.

No los oye, no los ve, esperan.

Entró, cruzó la nave de mártires miradas. Subió la escalera, crujientes lamentos en penumbra.

Arriba, las agujas de una gélida brisa le traspasan.

Allí están, sus metálicas figuras, los brazos colgando.

Los agarró, fríos, pesados, con todas sus fuerzas los golpeó.

Tan…, tan…, tan….

Páramo y ocaso

En este nuevo horizonte nuestros mundos han cambiado.

Línea confusa, campo de batalla entre realidad y recuerdos.

Juego de nieblas donde él se pierde y  nos oscurece el futuro.

Miradas sin ver, diálogos imposibles, impotencia, sufrimientos.

Estoy a su lado, estudiando un nuevo camino por el que acompañarle hasta donde podamos llegar.

Mira preocupado, con voz indecisa pregunta:

Hijo, ¿ cómo dices que se llama este sitio al que he llegado ?

Alzheimer, padre, alzheimer.

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Como cualquier otro día, el azul hecho cielo dominaba todo. El otro azul que circundaba el territorio, aportaba una tranquilidad absoluta. La brisa, los aromas, todo igual.

Las musas revoloteaban sobre las cabezas de las moradoras, espolvoreando los versos más bellos.

Sin saber cómo, empezaron a llegar por millares, con sus caras horrorizadas, hambrientos, perdidos, desorientados.

Safos, subida a un pedestal, gritó impotente :

¿ Quién ha sido la estúpida que ha puesto en nuestra campaña publicitaria este slogan ?

” Lesbos, parada y fonda hacia la libertad en Europa ”

 

 

SOLEDAD

¡ Sácame de aquí !

¡ No me hagas esto !

No quiero estar dentro de esta caja acolchada y oscura.

No quiero que transcurra el tiempo a mis espaldas. ¿ Para qué esos odiosos e inútiles preparativos ?

¿ Hasta cuándo ?

Le dijo el reloj a la dependienta mientras lo empaquetaba.

 

Pies de trinchera

El ruedo se prestaba a sensaciones placenteras. Los mocos, el pelo de cartón o las camisetas de los campeones de UNICEF hechas jirones, no importaban. Los lavarían, un chándal del Bayer Munich y punto. Pero el pie de trinchera multiplica los muñones. O corregían el desorden de las nacionalidades que se amontonaban detrás de las alambradas o poca carne fresca podrían llevar al mercado y sustituir su población viejuna. El perfil estaba claro: se ofrece sólo a sirios, profesionales expertos y bilingües, contrato laboral; a cambio , conservar la vida.

El marco

Con esa medida sólo lo hay en rojo. Después de unos minutos  comprobó que no había leído su wasap. A ella le gusta el rojo, pensó. Su ropa preferida es roja. Le encanta morder las fresas en mi boca y cuando bebe vino siempre es tinto.

“Pero me dijo que el marco debía ser ocre o negro que combina con todo. Pero digo yo que una lámina de olas rompiendo en un acantilado también combina con el rojo. No sé, pensándolo bien resulta que no la conozco lo bastante. Sólo llevamos juntos dos años”.

Fuera del Metro el móvil recuperó la cobertura. Ella le decía que el rojo seria un color maravilloso, que no había caído en la cuenta de que es el color de la pasión. Un volcán, “como tú, ¿verdad?”.

Al llegar a casa, exclamó, “¡es increíble¡ ¿Me creerás si te digo que me han robado el marco en pleno andén¡”

El último hombre sobre la Tierra

Piensa que sólo es ruido. Otro golpe lo confunde con el viento que busca compañía. Con otro se pregunta al fin si habrá alguien al otro lado de la puerta. Y el siguiente le sobresalta. Poniéndose en pie, se cerciora de tener un aspecto decoroso y aunque quiere acudir a la llamada tranquilo, apresura el paso. Abre la puerta y un viento terrible le revienta contra muebles y paredes.

Ahogándose en su sangre, le espanta su estupidez. El huracán ha vuelto para asegurarse de que no haya supervivientes.

Cuídate

Escucha bien lo que voy a decirte. En la nevera tienes preparadas lentejas, hay cinta de lomo y yogures que caducan el sábado aunque para entonces ya habré vuelto. Si usas la lavadora, encontrarás las instrucciones en el segundo cajón de la cocina, debajo de los cubiertos. Y no seas holgazán, estudia. No cuentes con tu madre para nada, su novio la llevaba al Algarve. Cuídate. Besos, papá.

Puntos cardinales

El dolor rinde ochenta años de humanidad. La ciencia allana el camino, aliviando el tormento de los venenos naturales que sus riñones ya no pueden filtrar.
Al este las máquinas, al oeste su mano libre amortajada por el cariño de una mujer e hijos. Las plegarias inconscientes de los niños se han dejado fuera. Les dijeron que al abuelo regresaba al mar.
Al norte una cruz que no le abandona porque nunca le acompañó. Y al sur le aguarda la caja de madera.