Frase de comienzo para el microrrelato del jueves 3 de noviembre

«Todos golpeaban la puerta» (Estela)

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Frase de comienzo para el microrrelato del martes 25 de octubre

Unos Maravillosos Manolos.

No tengo pies, quizás podría vivir asumiendo mi tormento si no fuese porque adoro los zapatos e imaginar todo lo que haría con cualquier par de aquellos preciosos Manolos.
Sueño con ellos y mi ser se vuelve ágil y liviano hasta descender por las escaleras del mismísimo Moulin Rouge entre alegres y llamativas plumas de colores o bailar y cantar bajo la lluvia como en los mejores musicales de Broadway.

Pero no

– Maldita Sea!!

Tuvieron que plantarme justo enfrente de la mejor zapatería de Madrid. …

microrrelatos up

La frase con la que debe empezar el microrrelato del martes es «No tengo pies».

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Cosquillas

No tengo pies. La ruta tortuosa y sofocante sumerge mi cansancio en el agua cristalina y  helada de una laguna que no aparece en los mapas. Sólo siento cosquillas en las puntas de los dedos. Sólo unos minutos de gloria y debemos reemprender la marcha pero aquel paraíso líquido sólo me devuelve unos huesos mondos y lirondos. Detrás de mí, alguien levanta una cartel olvidado en el suelo, entre zarzas: ¡Peligro¡ No bañarse. Disculpen pero no sabía dónde dejar mi colección de pirañas.

Tanto remar para morir en la orilla

Tantos años pisando charcos, zanjas, cubiertas, barro, andamios, fosas, alguna moqueta, incluso un atrio y ahora la comisión parlamentaria del Pacto de Toledo anuncia que sólo se podrá pagar una pensión pública hasta los setenta y ocho años. Esquilman la tierra bajo mis pies. Mañana será mi último cumpleaños.

La doncella de la Luna

No tengo pies. Jenny Wallace dice que es porque he perdido el contacto con la Madre Tierra. Será de tanto coche. Sé que debo caminar más. La playa está cerca, podría hacerlo descalzo, sin ataduras. Mientras me decido sumido en un duermevela, la princesa cherokke, que posee una técnica de curación transmitida desde tiempo inmemorial por el Clan de los Osos, acaricia la yema de mis dedos gordos y la migraña remite. Presiona en la planta y alivia mis riñones y juraría que oigo mejor cuando acaricia los meñiques.

Tercer concurso de microrrelatos ‘La Voz del Barrio’ en Nuevo Gijón

Podrán participar todos los mayores de 16 años y lo harán con una obra de temática libre, inédita y no premiada anteriormente de entre 100 y 200 palabras

Los barrios de Nuevo Gijón, Perchera y La Braña acogen su tercer concurso de microrrelatos ‘La Voz del Barrio’, organizado por el periódico vecinal del mismo nombre, la librería 4Letras y la Biblioteca Popular Santiago. Podrán participar todos los mayores de 16 años y lo harán con una obra de temática libre, inédita y no premiada anteriormente de entre 100 y 200 palabras. Cada autor podrá presentar, hasta el 30 de noviembre, un máximo de dos microrrelatos en castellano o asturiano. La idea, indican desde la organización, es «estimular la creación literaria y dar a conocer los trabajos de escritores aficionados». Las bases del concurso pueden consultarse en la asociación de vecinos Santiago (Peña Santa de Enol, 4 bajo) y en el blog de la entidad –> http://aavvsantiagogijon.blogspot.com.es/2016/10/iii-concurso-de-microrrelato-la-voz-del.html

El cocodrilo

En un descanso de la Sexta Noche se preguntó qué haría si un cocodrilo llamase a su puerta pidiendo romero. Sabía que no hay cocodrilos en este país, ni siquiera un zoo en su ciudad de donde pudiera haberse escapado alguno. No los imaginaba tampoco alzándose sobre sus patas traseras pulsando un timbre. Son unos manazas. ¡Qué narices¡ Todo el mundo sabe que los cocodrilos despedazan sus presas y las llevan, a veces aún vivas, hasta sus guaridas que están en el fondo del río, donde se pudren. Allí el romero  no serviría de nada. Sería de tontos que se lo pidiera aunque no sabía si los cocodrilos son listos o tontos.

La Luna ha vuelto

No sé qué pensar de esta situación. Cerré los ojos, sellé los labios. Cubrí mis orejas con un pañuelo de olas y estrellas, recordando que en una ocasión me dijo que eran de duende. Incluso me tapé la nariz porque alejarme no era suficiente para ignorar el perfume de su ramo de mimosas. No sé qué hacer si le veo tras la mirilla, después de tantos años, llamando a mi puerta con sus ojos de Luna.