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Varias horas después Dido abrió los ojos para leer el whatsapp en el móvil. Eneas había escrito una inquietante frase: “¡Desdichada, lo sé todo! Adiós.”

Aterrada, abrió la cuenta del Twitter y comenzó a leer los mensajes con el hashtag #yotambiénmetiréadido.

Dido era muy impulsiva, para el amor y para las demás cosas, por eso bebió el vitriolo de un trago sin pensarlo dos veces.

Los tipos del club “Si lo hace él es un macho, pero si lo hace ella es una zorra” habían ganado otra vez la partida.

(Inspirado en el microrrelato “La memoria, esa incomodidad” de Marco Denevi).

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El discurso de la reina

“Vamos a contar una historia”, dijo la abuela en plena comida familiar.

Los comensales apartaron gradualmente la vista del plato y con gesto expectante o sonriente atendieron a la mujer.

La anciana hizo el ademán de comenzar su discurso pero en dos segundos cerró la boca, los ojos brillantes, la frente arrugada.

La familia retornó a sus conversaciones y a los cubiertos, tan sólo las dos nietas, desoladas, contemplaron un rato más a la mujer.

El de la triste figura

Con un volantazo, Alonso sacó el Dos Caballos de la Nacional y avanzó a trompicones por la pradera agostada. Recortábanse sobre el azul los gigantes de acero. El hombre pisó el acelerador a fondo, sacó la cabeza por la ventanilla y gritó:

“No huyáis, cobardes criaturas…”

Las aspas lo ignoraron y prosiguieron su baile de kilovatios. El coche desbocado bajó la ladera dando vueltas de campana y se detuvo, ruedas al sol, en el fondo de la vaguada.

La mañana siguiente, lo encontraron frío. En su bolsillo, un retrato de Dulcinea.

COLORIN COLORADO…

Vamos a contar una historia.

Erase una vez 3 cerditos que vivían con 7 enanitos, una niña con una capa roja que llevaba comida en una cestita a su abuelita. Se hacían acompañar por un niño que acostumbraba a desperdiciar el pan tirándolo allá por donde iba con la excusa de que así quedaría marcado el camino para la vuelta.

El bibliotecario estaba perplejo. Ni se imaginaba lo que me gustaba jugar a las barajas con los cuentos.
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© Mariano J. Sánchez

[80 palabras]

[Indicaciones: frase inicial “Vamos a contar una historia”]

AUTODEFINIDO

Vamos a contar una historia. La historia de unas palabras que se van uniendo y haciendo frases. Sin describir nada salvo a si mismas. Sin contar nada. Con el único objetivo de impresionar -aunque solo sea un poco- al lector.

Lo llamamos microrrelato. Debe ser evocador, intertextual, irónico, gracioso y tener alrededor de 80 palabras.

Lo más difícil es el final, porque tiene que ser impactante y original.

Este no sé, como no me ponga a hacer el pino…
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© Mariano J. Sánchez

[80 palabras]

[Indicaciones: frase inicial “Vamos a contar una historia”]

La curiosidad mata

Vamos a contar un historia; Erase una vez un libro, no era un libro cualquiera. Era un libro prohibido, hechizado para dar muerte a aquellos que osaran a leerlo. Sus páginas contaban cómo era el lugar dónde iban a parar las almas de los lectores que se arriesgaban a abrirlo. Hablaba de cómo es este lugar, y de cuán mísera es nuestra desgracia.¿Mereció la pena abrirlo?

Liberación femenina

Era prisionera de su cuerpo, de sus movimientos, de su piel. Era prisionera de sus hábitos, de su malos hábitos:tabaco,alcohol,drogas…Me llevaba siempre con él, a todas partes, no podía escapar.Estaba tambien presente cuando él toqueteaba a las mujeres en ese camión, cuando les decía:

-¡Eh, guapa! ¿Qué llevas en los bolsillos?

-¡Un cuchillito bien filoso!

Y así me liberó, ya pude mostrarme al mundo como era:roja,viscosa, con sabor metálico.

Atestado

Tenancingo, a 26/3/50

Personados en la escuela los agentes de la autoridad, hallan al joven Panchito Contreras sentado en el patio, en estado de nervios. En sus manos porta una soga rota y el cuello presenta cierto enrojecimiento.

Interrogado el maestro, éste afirma desconocer lo ocurrido, aunque sugiere que el niño podría haberse lastimado al trepar al árbol usando la maroma.

Dada la intachable conducta del licenciado, vistos los antecedentes poco recomendables de Panchito y su minoría de edad, se procede a archivar el presente atestado.

(La foto es de Mariano J. Sánchez)

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Yo no quería

Recién licenciado, con poca experiencia, me apuntaron a un partido. Ganamos las municipales y ejercí de concejal en León. Diez años. Aunque yo no quería.

Los jerifaltes me propusieron para el Congreso y fui diputado por Menorca dos legislaturas. Tampoco quería.

Llegó la debacle, perdimos el gobierno y mi escaño. Casado, dos niños, la angustia me hizo aceptar una Fundación, que no quería.

Ahora disfruto la jubilación en una lujosa residencia donde ejerzo de portavoz de los internos…

…Aunque no lo quería.

Cita en la aldea

Cierto atardecer, volviendo del monte, me senté a reposar en el cabildo de una iglesia. De repente, vislumbré a través de la verja un nombre conocido grabado en una lápida. Allí estaba Pablo.

Un año mayor, repetía curso a causa de una grave enfermedad que le había robado el pelo y la alegría. Apenas pudimos cruzar dos palabras, cuando un mal día no regresó.

Nos hacinaron en un viejo autobús para acompañarlo a su remoto pueblo. Allí, calado hasta los huesos, aprendí que los niños también sabían morir.