Las piezas

De repente, un bramido perturbó la paz del hayedo. El pastor, desde el quicio de la puerta, escuchaba en silencio. Sonaron unos disparos y luego, la nada.
“Serán los cazadores”, pensó, y entró en la cabaña.
Siete noches se repitió la misma escena y el pastor ya se extrañaba de la abundancia de ciervos en aquel paraje.
Pero el último día vio bajar una veintena de uniformados con un teniente a la cabeza y supo que eran cazadores de hombres. Aterrado, se encerró en la choza y de madrugada subió a enterrar los cuerpos.
Rubén Álvarez Vázquez.
Taller Micro relato UP 2018.

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