SIMULACRO

 

Llevaba tiempo esperando aquél momento. El hermano se lo había prometido cuando ella le explicó su deseo. Él era incapaz de negarle nada desde que la culpa le atenazara el alma.

Ella sabía que nada iba a cambiar, que las cadenas incapacitantes de su prisión seguirían ahí, pero necesitaba sentirlo.

Desde lo alto disfruta de la brisa lamiéndole la desnudez de su medio cuerpo vivo, mientras el otro medio, dormido, sueña con ser escamas, profundidad marina.

El borde del abismo le ofrece la belleza profunda del mar tantas veces soñado, y el empujón repentino la arroja al simulacro de muerte anticipada, engañando así a su inconfesable secreto.

Ícaro la abraza mientras planean sobre las ondas del viento y desea sentirse eternamente del agua. Pero sabe que para Neptuno aún no es tiempo de recibirla y siente como la va llevando a la orilla de la vida, inmersa en una niebla de sueño y realidad.

Ya en el suelo, un abrazo, unas lágrimas.

(Fernando)