La inconsciencia de la muerte

Madre. Te veo ahí postrada, con la expresión desvaída.

La ropa oscura que no repara en tu hermosa silueta.

Las manos cruzadas, desnudas, cansadas. Manos que

aún quisieran mecer mis mejillas.

 

No puedes mirarme, y yo siento un dolor que me susurra

una nana, que lo envuelve todo, lo apacigua todo.

 

Madre. No quiero verte llorar por mi.

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¿Quién engañó a Roger Rabbit?

Hacía tanto tiempo que no sabía nada de ella. Y sin embargo, ahí estaba, esperándome en el camerino tras la actuación.

– Hola Jessica.

– Presentía que vendrías tú.

– Entonces sabrás porqué vengo. Tengo que hacerte unas preguntas sobre René.

– No sé nada. De verdad. Vamos a mi casa, ahí… nos pondremos al día.

Por el camino empezó a hablar de perlas ensangrentadas y cosas que sonaban a conspiración más que a una disputa doméstica con trágico final. Ojalá la hubiera escuchado.

Martes noche

Cuando abrió los ojos, no quedaba nada,  Salvo su propia nave y la que le perseguía, causante  de la destrucción del Planeta Yelkra. Las fuerzas del Emperador Kang no cesaban de acosarle y optó por llevarles al agujero negro Petco, aprovechando que su  nave tenía capacidad antigravitacional y la oponente no, por lo que sería engullida.  Pero fue ahí cuando le entraron ganas de mear y de bajar la basura, y se zafó de sus gafas de realidad virtual. Guardó la partida.