Frases para el martes 24 de abril y para el jueves 3 de mayo.

«Caía el sol de primavera sobre el pueblo pesquero» (Rubén Álvarez). –> Martes 24 de abril

«De repente, un bramido perturbó la paz del hayedo» (Rubén Álvarez). –> Jueves 3 de mayo

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El jardín de las ideas

Lo primero que vieron fue una palmera. Lo segundo, las ordenadas rosaledas y laberintos alrededor. En un pequeño pabellón con columnas dóricas y amplios ventanales, el escritor se afanaba en concluir su antología de microrrelatos. En torno a él, un puñado de hombres y mujeres de edades diversas bebían, comían, charlaban, leían o simplemente reían. El canto de los pájaros, el rumor de las fuentes, la tarde soleada, invitaban a disfrutar. El escritor estaba orgulloso por haber invertido su fortuna en un sueño. De puertas afuera, acechaba una ciudad de cielos negros y calle inmundas.

El indiano

Lo primero que vieron fue una palmera. Lo segundo, una descomunal casona de indiano. Lo tercero, un anciano muy desaliñado sentado en el porche.

El reportero encendió la grabadora.

La casa la fundó el abuelito. Hizo fortuna con el tabaco en Cuba. Luego vino la guerra y unos desalmados ocuparon la finca y asesinaron a las cuatro hermanas de papá. Nos aislamos de la gente mala. En los sesenta Castro nos robó nuestras propiedades de la isla. Nos volvimos pobres y raros.

La casona era una maravilla modernista en la que únicamente desentonaba el improvisado camposanto del patio trasero. El periodista soltó la grabadora cuando escuchó la extraña risa a su espalda.

Desencuentro

Las olas lamían los guijarros de la playa. Una joven con un vestido de flores meditaba apoyada en un bote. El mismo cielo, el mismo mar. Podía ser ayer pero habían pasado quince años desde aquel verano.

Canciones, hogueras, abrazos al amanecer. Tópicos de la adolescencia. Y, sin embargo, él nunca estaba.

Ella se fue con las sandalias en la mano. Al cuarto de hora, un joven se sentó en el mismo lugar, ignorante de que la nave ya había zarpado.