Las piezas

De repente, un bramido perturbó la paz del hayedo. El pastor, desde el quicio de la puerta, escuchaba en silencio. Sonaron unos disparos y luego, la nada.
“Serán los cazadores”, pensó, y entró en la cabaña.
Siete noches se repitió la misma escena y el pastor ya se extrañaba de la abundancia de ciervos en aquel paraje.
Pero el último día vio bajar una veintena de uniformados con un teniente a la cabeza y supo que eran cazadores de hombres. Aterrado, se encerró en la choza y de madrugada subió a enterrar los cuerpos.
Rubén Álvarez Vázquez.
Taller Micro relato UP 2018.

Se alquila paraíso en ruinas

Hace veinte años que Marcelo me lo advirtió: “No inviertas en un pueblo muerto”. Pero yo soñaba con una vida relajada en un paraíso de animales mansos y hospitalarios aldeanos. Pensaba en auto abastecerme en el huerto y aprender leyendas célticas; ellos hablaban de trabajo de sol a sol, frío y luchas entre hermanos.

Con los años me harté de patear los mismos montes, de las cuestas del pueblo, los fríos de la casona y los continuos funerales. Por eso alquilo mi paraíso menguante y regreso a Madrid.