Martes noche

Cuando abrió los ojos, no quedaba nada,  Salvo su propia nave y la que le perseguía, causante  de la destrucción del Planeta Yelkra. Las fuerzas del Emperador Kang no cesaban de acosarle y optó por llevarles al agujero negro Petco, aprovechando que su  nave tenía capacidad antigravitacional y la oponente no, por lo que sería engullida.  Pero fue ahí cuando le entraron ganas de mear y de bajar la basura, y se zafó de sus gafas de realidad virtual. Guardó la partida.

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Como ovejas…

Hacía tanto tiempo que no sabía nada de ella…  A primera vista parecía no  haber cambiado. Su belleza estaba intacta. Pero su cerebro; ¿qué le había pasado? De su boca salían clichés y lugares comunes de maruja cincuentona divorciada tirada al bingo, al tabaco, y al reallity-show. Nada quedaba de aquella musa inconformista que componía canciones indies, veía cine de Ken Loach y León de Aranoa, leía a Bukowsky, y era activista pro-derechos civiles.

Del programa basura de primeras citas cambié al informativo menos controlado por el Régimen. Hablaba el neurocirujano promotor de la Ley Orgánica de Acomodación Mental Quirúrgica. La pena me embargó desde el exilio.

En mala hora bajamos a la Tierra…

Quedaron en reunirse como de costumbre. Eran sus días libres, así que convinieron dejar los asuntos del orden del día al azar: Sus lugartenientes los resolverían. Decidieron bajar a tonar unas cañas a un bar  de carretera.

Al final de la barra, un tipo fornido de bigote parecía esperarles. Cuando Dios y Lucifer fueron reconocidos, Nietzsche sacó su recortada y sin mediar palabra les abatió. Y se  puso fin al determinismo.

Sin sales aromáticas

Estaba tan cansada que decidió darse un baño. Cansada de esa especie de neumático que le había acompañado la última semana, desde que el avión se precipitó al Pacífico Sur.  Ni una señal de rescate inminente. Y esas seis aletas que anuncian tiburones  en el horizonte.  Así que dejo de luchar. Y decidió darse un último baño relajante. Lástima que no tuviese sales aromáticas. Ni tiempo para usarlas.

Descuartizamiento

Inquietantes sonidos interrumpieron la calma. La piel se desgarraba del músculo, evitando el desangrado. Su sonido, aún crujiente, era aterrador. El  cuchillo se deslizaba con agilidad entre las entrañas del cuerpo, descuartizándolo. Ya sin un halo de vida, el pavo estaba listo, y la cena de Navidad, también.

Acoso laboral

– Lo siento, no es orgullo, es dignidad.

-¿No sabes encajar la un piropo, lindo gatito?

-Mira, Piolín, ya, métete to moving por el culo. Me voy a Marvell.

Manejando hilos

Me hierve la sangre al verlo. Su corbata de los años sesenta, su aliento apestoso. esa forma displicente de  dar órdenes, su misoginia, sus andares de paleto. Además, es ignorante, impulsivo, y maleable. Y conecta bien con la turba. Vamos a ponerle de títere en la Casa Blanca, y nuestras exportaciones de petroleo, armas, y CO2 crecerán exponencialmente.  Duplicaremos nuestras cuentas corrientes,  y no nos quedaremos para ver la extinción.  Es un buen candidato. Dile  que sí.

¡Qué quieres volver!

No me esperaba eso de ti.  Ni un fallo, ni un resquicio a la sospecha. Toda esa ternura en las caricias, todos esos proyectos compartidos, el amor que me profesabas; todo era falso. Todo era para Hugo. Pero no esperabas su patada. Y ahora que estás sola, pretendes volver. Tranquila, no estás sola. Tu cáncer, que espero sea largo, te acompañará toda tu vida.

Dudas finales…

Me has conocido en un momento extraño de mi vida, Eva.  Este complejo de inferioridad, me da por invadir Polonia un día, por exterminar judíos. No sé, tengo ganas de dejarlo todo e irme a Argentina y escribir microrrelatos. ¿Tú cómo lo ves? Nada, ¿no? Mejor me disparo. Vale, vale…

Fibras de la lengua

Querían hablar, pero no pudieron. Cuando Igor recogió su última caja quiso perdonarla. Cuando Nuria cerró la puerta quiso decirle que lo sentía. Pero el ego del que se siente engañado, y el orgullo de la que no  pide perdón les separaron para siempre. Todo por no articular las fibras musculosas de la lengua. Y las neuronas.