Se alquila paraíso en ruinas

Hace veinte años que Marcelo me lo advirtió: “No inviertas en un pueblo muerto”. Pero yo soñaba con una vida relajada en un paraíso de animales mansos y hospitalarios aldeanos. Pensaba en auto abastecerme en el huerto y aprender leyendas célticas; ellos hablaban de trabajo de sol a sol, frío y luchas entre hermanos.

Con los años me harté de patear los mismos montes, de las cuestas del pueblo, los fríos de la casona y los continuos funerales. Por eso alquilo mi paraíso menguante y regreso a Madrid.

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