En mala hora bajamos a la Tierra…

Quedaron en reunirse como de costumbre. Eran sus días libres, así que convinieron dejar los asuntos del orden del día al azar: Sus lugartenientes los resolverían. Decidieron bajar a tonar unas cañas a un bar  de carretera.

Al final de la barra, un tipo fornido de bigote parecía esperarles. Cuando Dios y Lucifer fueron reconocidos, Nietzsche sacó su recortada y sin mediar palabra les abatió. Y se  puso fin al determinismo.

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