—Me hirvió la sangre —dijo Paul, recordando el momento en que pilló a su mujer con su mejor amigo y socio, Henry. Iba por la calle dando tumbos, con las manos clavadas en los bolsillos de la gabardina. El agua resbalaba por su cara, le chorreaba el pelo. Se limpió con la manga con rabia. Tomó una decisión. Entró en la tienda, compró y pagó. Corrió. En su casa, le esperaba su mujer:

—Lo siento querido, pero me estorbas.

Y sonaron dos disparos.

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One comment

  1. microrrelatos up · octubre 17, 2017

    Es importante el título 😀

    Me gusta

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