La huída

De vuelta al hormiguero, R ya no es la misma. La luz del sol y el banquete de hierba le han llenado la barriga  de alegría y su cabeza  de ideas de futuro.

R  llega sonriente a la boca de la cueva oscura, y mientras decide si entrar o quedar fuera, reflexiona y decide compartir con las dos Ces  los dulces sabores de la libertad.

Así que se incorpora a la vida cotidiana y aburrida  del  enorme hormiguero y  se duerme soñando el verde de la hierba,  el rojo de los frutos, las gotas de agua transparente.

Por la mañana en el desayuno,  prueba la papilla de hojalata y se rebela, ¡Vaya mierda! Mientras sus amigas obreras, hacen ruido con cucharas y cuchillos para salvarla del encierro en la celda de castigo.

En la tarde, cuando en el hormiguero se hace el silencio de la siesta, la hormiga R da un toque silencioso a C1 y C2 y las tres escondidas entre las piedras del camino se dirigen al pequeño agujero de salida.

Afuera, bajo la cegadora luz del sol, les espera un campo de amapolas entre el trigo, y el  canto de cien cigarras díscolas  aplaude su escapada.

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