La doncella de la Luna

No tengo pies. Jenny Wallace dice que es porque he perdido el contacto con la Madre Tierra. Será de tanto coche. Sé que debo caminar más. La playa está cerca, podría hacerlo descalzo, sin ataduras. Mientras me decido sumido en un duermevela, la princesa cherokke, que posee una técnica de curación transmitida desde tiempo inmemorial por el Clan de los Osos, acaricia la yema de mis dedos gordos y la migraña remite. Presiona en la planta y alivia mis riñones y juraría que oigo mejor cuando acaricia los meñiques.

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