Cosquillas

No tengo pies. La ruta tortuosa y sofocante sumerge mi cansancio en el agua cristalina y  helada de una laguna que no aparece en los mapas. Sólo siento cosquillas en las puntas de los dedos. Sólo unos minutos de gloria y debemos reemprender la marcha pero aquel paraíso líquido sólo me devuelve unos huesos mondos y lirondos. Detrás de mí, alguien levanta una cartel olvidado en el suelo, entre zarzas: ¡Peligro¡ No bañarse. Disculpen pero no sabía dónde dejar mi colección de pirañas.

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