El cocodrilo

En un descanso de la Sexta Noche se preguntó qué haría si un cocodrilo llamase a su puerta pidiendo romero. Sabía que no hay cocodrilos en este país, ni siquiera un zoo en su ciudad de donde pudiera haberse escapado alguno. No los imaginaba tampoco alzándose sobre sus patas traseras pulsando un timbre. Son unos manazas. ¡Qué narices¡ Todo el mundo sabe que los cocodrilos despedazan sus presas y las llevan, a veces aún vivas, hasta sus guaridas que están en el fondo del río, donde se pudren. Allí el romero  no serviría de nada. Sería de tontos que se lo pidiera aunque no sabía si los cocodrilos son listos o tontos.

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