ACERAS

Cuando ya no pudo fingir más, Anastasio se fue de casa. Se hartó de pegar a su mujer e hijas como una obligación diaria. Asqueado de su ser irascible y violento, y sobre todo de tener que beber para conseguir aparentar ante sus amigos lo machote que era, lo abandonó todo y desapareció.

― Mi mujer se merece un hombre que la ame ― pensó Anastasio. ― Y yo también.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s