A Miguel

 

Ella le dominaba y todos lo veíamos. Ella movía los hilos y Miguel, cual marioneta, bailaba. Ella le requería toda su atención y él se la daba a manos llenas a cambio de un rato de discutible bienestar. Miguel trató de abandonarla multitud de veces, pero ella sabe que los viejos hábitos son muy difíciles de romper. Por amor a ella robó, mintió, deshonró todo lo que le era sagrado y  sacrificó todo lo que le era amado.

Al final del camino, ella tan solo le ayudó a escribir su epitafio con sangre y tallarlo en su lápida con una aguja.

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