El dialogo de Platón.

Un caso difícil pero el comisario Fuentes no se arredraba ante las dificultades. La perfecta disposición del mobiliario le indicaba un sujeto pulcro y perfeccionista  y el estuche de los bolígrafos revelaría su afición a la escritura. Fue la luz del flexo, aún encendido, lo que le indicó la ruta a seguir. Iluminaba el diccionario, lo cogió y un marca páginas señalaba Atlántida.

Corrió al baño compartido por las cuatro habitaciones de la primera planta del hostal. Esta vez forzaron la puerta. Allí estaba, sumergido en la bañera y flotando sobre su pecho el Timeo  de Platón.

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