Sólo tenía hambre.

¿Recordáis  aquel famélico  que alzó un enorme hueso pelado de carne y sin médula siquiera, pero al caer, sin querer, sólo víctima del desfallecimiento, le abrió la sesera al infeliz que rumiaba a su lado la misma tristeza?

Corrió compungido, rabioso , atormentado, y a su paso los demás se humillaban. Incluso quien tenía la fortuna de comer le cedía su pitanza. Desde entonces el hueso se ha sofisticado mucho gracias a las nuevas tecnologías. Y al hambre.

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