HAMBRE

Ha comenzado un día más.

A mi alrededor oigo lo cotidiana música de llantos desesperados que se esparcen por el polvo.

Miro con desgana queriendo ver un espejismo imposible.

Busco, en mi limitado horizonte, la aparición de algún Dios pálido repartiendo clavos a los que agarrarse.

Retuerzo el mecano de mis huesos sobre el vientre hinchado, no quiero bailar el último paso con la dama que nos acecha.

Espero, simplemente espero.

 

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