Teníamos una oportunidad

Seguimos caminando, apurados, con frío. Seguro  que llegábamos tarde pero si no éramos los últimos al menos podríamos elegir. El coche nos dejó tirados lejos pero las cuestas resbalosas o el aire gélido que mordía nuestras manos nos  animaban, cebando nuestra superstición.

Llegamos tarde sí y las azules, las rojas, incluso las blancas estaban ya escogidas, pero elegimos las moradas que siempre habían sido nuestra preferencia. En esta ocasión, teníamos una oportunidad de ganarles al parchís.

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