Pesadilla

Seguimos caminando, apurados, con frío. El bosque era un cepo y sus árboles perfilaban en mi hermano la sombra de un fantasma. El murmullo de la bestia apuró nuestras piernas, ancladas en un suelo tupido con las vísceras de otras víctimas.

Mi abuela tenía razón. Cenar mucho y tarde siempre me provoca malos sueños. Sobre todo después de ver El hombre lobo. Pero despierto y la pesadilla continua porque el monstruo me despoja del hermano que aún no ha nacido.

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